Sobre mí
He acompañado a muchas personas en procesos de dolor, ansiedad, trauma y crecimiento personal, y sé que pedir ayuda no es fácil. Detrás de cada síntoma hay una historia, y detrás de cada historia hay un ser humano que merece ser escuchado y comprendido sin juicios.
Soy psicóloga holística y especialista en trauma. Mi camino comenzó como paciente: fue a través de mi propia sanación que descubrí la fuerza transformadora de la terapia. Ese despertar me llevó a dejarlo todo y dedicar mi vida a acompañar a otros en su proceso.
Desde entonces me he convertido en una buscadora incansable de técnicas que ofrezcan resultados reales. Empecé en la psicología tradicional —psicoanálisis, terapia de pareja, terapia focalizada en las emociones, EMDR— y poco a poco fui ampliando mi mirada hacia el cuerpo, la energía y el alma.
En mi manera de trabajar, la emoción es la base: es el punto de partida que conecta lo físico, lo psicológico y lo espiritual. Cuando una emoción habla, lo hace a través del cuerpo, de la mente y del alma. Por eso mi enfoque integra ciencia y espiritualidad, emoción y razón, cuerpo y energía.
Creo firmemente que no venimos a “arreglarnos”, sino a transformarnos. A sanar memorias, liberar bloqueos, reconciliarnos con nuestra historia y aprender a vivir desde un lugar más libre, consciente y auténtico.
Mi compromiso es acompañarte en ese viaje: sostenerte en tu proceso, ayudarte a comprender lo que te ocurre y ofrecerte herramientas que te permitan volver a ti, más fuerte y más completo/a.
Biografía
Mi formación comenzó en el psicoanálisis, que me dio herramientas para comprender en profundidad cómo las experiencias tempranas, los apegos y las defensas moldean nuestra forma de ser. Más adelante, la terapia cognitivo-conductual me aportó recursos prácticos y directos para transformar pensamientos y emociones en el día a día.
Con el tiempo busqué una visión más amplia y llegué a la terapia familiar y de pareja, aprendiendo a acompañar al ser humano dentro de sus vínculos más importantes. También me formé en terapia sexual, incorporando recursos para sostener los retos más íntimos de las relaciones.
Posteriormente realicé postgrados en técnicas antiestrés, violencia de género y psicología forense, lo que me permitió trabajar con situaciones delicadas y complejas desde un marco de rigor y sensibilidad.
Hace más de diez años descubrí el EMDR, y desde entonces se ha convertido en una de mis principales herramientas para el tratamiento del trauma. Me he especializado en casi todas sus áreas: trauma complejo, apego, duelos, infancia, disociación, entre muchas otras, integrando un amplio recorrido de cursos de especialización que hoy aplico en consulta.
Me formé también en Terapia Focalizada en las Emociones (TFE), tanto a nivel individual como de pareja, donde aprendí a trabajar con el “baile” de las emociones y el tango relacional que se da entre paciente y terapeuta. Más tarde incorporé la Técnica Estructural y la Terapia Regresiva, abriendo paso a un enfoque más holístico donde el cuerpo, la mente y el alma dialogan en el proceso de sanación.
Durante diez años colaboré en prensa escrita, radio y televisión, compartiendo conocimientos sobre psicología y crecimiento personal. Actualmente preparo nuevos proyectos para acercar mi experiencia a más personas a través de cursos online, masterclasses, talleres, ebooks y libros.
Y sigo en constante búsqueda de nuevos enfoques y herramientas, con un único propósito: acompañarte en tu proceso de transformación, para que puedas vivir con más libertad, conciencia y autenticidad.

CARTA DE UNA TERAPEUTA
Sentada frente al ordenador intento aclarar mis ideas, quiero expresar sin dejarme nada atrás lo que siento. Mi trabajo es maravilloso, de eso no me cabe la menor duda. Cada día, cada instante, la vida me regala un tiempo íntimo con cada persona, una persona que se sienta al lado mío y se abre a mí ¿acaso no es un lujo?
Desde el momento que llegan por primera vez, veo la persona, escucho su historia, empatizo con ella. Me intriga cada detalle, hago preguntas y me voy imaginando su vida. Las personas se desnudan ante mí y poco a poco se abren más, me van contando su vida. Mi curiosidad y las ganas de ayudar hacen que comience un baile entre dos que va evolucionando sesión tras sesión. Cuando sufren, sufro con ellos, pero cuando ríen, reímos juntos.
Ser terapeuta no fue algo que soñé de pequeña, más bien fue mi infelicidad la que me llevó a acudir a terapia. No me pasaba nada en especial, simplemente estando bien, no lo estaba. Mi proyección de vida, antes y después, fue totalmente opuesta, y doy las gracias cada día por ese momento en el que di el paso de ir a terapia. A medida que iba y para mi sorpresa, mi terapeuta me decía que debía dedicarme a esto. ¡Está loco! pensé, pero cuando empecé a sentir mi bienestar y a conocerme mejor, la idea que un día sembró empezó a tomar forma. Soñé con tener mi propia consulta y así hacer sentir a todo aquel que viniese la felicidad que había logrado hacer crecer en mi interior. Cada paso que damos y cada decisión que tomamos nos lleva a otra resolución de nuestra vida, ¿qué hubiese sido de mí si no hubiese ido a terapia?
Tras años de terapia para poder ser mejor terapeuta, y terminados mis estudios, me lancé al mundo de la ayuda, al mundo del dolor, y al mundo de la satisfacción. ¿Por qué satisfacción? Porque no hay nada más gratificante que ver crecer a una persona delante de ti, ver cómo vienen al principio, y ver cómo se van. Es un final donde la persona, en función de las circunstancias, acepta, se responsabiliza, reinterpreta las situaciones y recoge herramientas para poder llevar una vida diferente a cómo la estaba viviendo, una vida desde la tranquilidad y la serenidad de dar pasos seguros y confiados. Una vida que lleva una felicidad interna que nada, ni nadie, puede estropear y si lo hacen, saben cómo identificarlo y gestionarlo para poder seguir avanzando.
Por supuesto, todos tenemos problemas más o menos graves, a todos nos han pasado cosas, pero ¿cómo los vivimos?
Nacemos, crecemos y vamos viviendo la vida como nos fue viniendo. ¿Cuántas experiencias podemos contar? ¡Son tantas! A veces no las catalogamos como importantes, a veces sí. Pero, ¿sabes qué? ¡Todo cuenta!
Podemos hablar de nuestra infancia, de la adolescencia, de la universidad, del trabajo, del amor, del sexo, incluso y, sobre todo, de las críticas que hemos recibido o nos hemos hecho. Al final, todo ello va haciendo mella en nuestra historia, y tristemente, nos ha llevado a esta situación.
Cada experiencia nos va marcando y mi experiencia me dice que podemos visualizarla desde la no emoción, desde la risa o desde el malestar, quizás ahora no le damos importancia, o sí, pero ¿qué ocurría cuando la vivimos?, ¿podríamos decir lo mismo? La vida nos va generando experiencias y esas experiencias pueden ser buenas o malas, todas dejan huellas y esas huellas quedan ahí, como sombras que andan detrás de nosotros, quizás reaparezcan, quizás no. Pero si se repiten, ¿nos irán calando hasta un punto que nos hará crear una imagen de nosotros mismos que puede que no sea real? El problema es que eso nos irá generando malestar, y lo peor es que crecerá, se generalizará y nos hará sentir mal. Pero, ¿es real?
Yo no creo que nadie nazca siendo egoísta, se hace, tampoco creo que nadie sea narcisista, se hace, y como esos ejemplos, miles. Creo en la esencia de cada uno, creo en la mejor versión de cada uno, y las experiencias hay que transformarlas para poder llegar a ello.
Oímos que la felicidad son instantes, que está dentro de cada quien, pero muchas veces nos cuesta encontrarla. Tenemos miedos, tontos o no, pero hemos aprendido a convivir con ellos y evitarlos todo lo que podamos. Los miedos nacen de una experiencia fortuita, o no, casual o quizás no, y si les damos poder, por las circunstancias o porque no los digerimos, nos pueden generar ansiedad, depresión, problemas físicos, sexuales, de pareja o un largo etcétera. Normalmente las personas decidimos ir a terapia cuando ya lo hemos intentado todo por nuestros medios y no lo conseguimos o cuando ya el malestar en insoportable y nos afecta demasiado en nuestra vida diaria. Y aun así muchas personas siguen viviendo y deciden no pedir ayuda. A lo mejor nos desahogamos con amigos, buscamos consejos en internet, leemos libros de autoayuda, pero a lo mejor no. Al final, algo que era pequeño e insignificante ha ido creciendo dentro de nosotros y no nos deja vivir bien. ¡Qué lástima! y entonces me pregunto, ¿por qué se tarda tanto en ir a terapia?, o incluso, ¿cómo es que no llegamos a ir?
La figura del psicólogo se ha tratado como la de un loquero, tiene mala imagen, aunque no tanta últimamente, quizás oíste de una mala experiencia de alguien, incluso si vamos, lo ocultamos, ¿por qué? Porque se nos ve débiles, porque ir a un extraño a contar tus intimidades… ¿crees que no ayuda? Estamos en una sociedad donde prima el estar bien, ser felices y debemos poder con todo. Pues no. No es así. Los tiempos cambian. Al igual que existen mejoras en otros aspectos, esta época también busca estar mejor de forma interna. ¿Qué tiene de malo ir a terapia? La elección del terapeuta es importante, crucial. Si vas y no te convence, ¡vete a otro! Acaso, ¿no haces lo mismo con otros profesionales?, o incluso, ¿con otras cosas?
Mi trabajo a nivel individual me ha enseñado muchas cosas, y a nivel profesional muchas más. Crezco cada día con cada uno de mis pacientes, desde la humildad y desde el amor hacia ellos, intento por todos los medios que lleguen al bienestar, cuando estoy en terapia estoy en ellos y solo por ellos, escrudiño mi cabeza buscando las soluciones, a veces vienen solas, otras cuestan más, pero mi experiencia solo se puede resumir en “MARAVILLOSA” aunque eso, no exima de muchas emociones durante ella. Los pacientes se convierten en parte de mí y yo en parte de ellos. Vivo con ellos. Siento con ellos. Pero el final duele, porque implica separarme de algo muy mío, con la simultánea conciencia de que llegó el momento, de que los voy a extrañar: a extrañar-te. A extrañar-nos. Sufro un duelo, pero desde la serenidad y la felicidad de que somos algo muy íntimo, algo que perpetuará en la vida de cada uno. Tú has dejado algo en mí. Y yo he dejado algo en ti. ¿Se puede pedir algo más?.
Ana Ortiz.

Ana Ortiz
Mirar hacia dentro es un camino que nos lleva al cambio.
¿Lo hacemos juntos?
Terapias
No eres un número ni una cita en la agenda. Eres mi paciente, y tu historia importa. Llegas buscando alivio, serenidad y la posibilidad de dejar atrás aquello que te pesa. Mi compromiso es acompañarte con rigor y sensibilidad, trabajando juntos en cada dimensión de tu ser: mente, cuerpo y alma. El objetivo es claro: que recuperes tu equilibrio y vivas con mayor paz, plenitud y autenticidad.
La Terapia de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares (EMDR) es un tratamiento psicoterapéutico que ha demostrado ser muy eficaz para el tratamiento de traumas y una variedad de trastornos emocionales, incluidos el trastorno de estrés postraumático (TEPT), ansiedad, depresión y muchos otros problemas relacionados con el estrés. Se basa en la idea de que el cerebro tiene un mecanismo natural de curación, pero cuando experimentamos un trauma o eventos estresantes intensos, el procesamiento de la memoria se bloquea, lo que puede dar lugar a emociones y respuestas físicas persistentes y no resueltas. EMDR utiliza una serie de movimientos oculares o estimulación bilateral para desbloquear estos recuerdos no procesados y permitir que el cerebro los procese de manera adecuada.
La terapia EMDR se diferencia de otros enfoques psicoterapéuticos, como la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), en que no requiere que el paciente hable en detalle sobre el trauma ni realice tareas entre sesiones. En lugar de centrarse en discutir o revivir el trauma, EMDR permite que el paciente se conecte brevemente con el recuerdo perturbador, lo que a su vez facilita un proceso de asociación con otros recuerdos, pensamientos y sensaciones relacionadas, lo que lleva a una disminución del malestar y un posterior reprocesamiento emocional.
Uno de los aspectos distintivos de EMDR es que no solo se trabaja en el recuerdo específico que está causando el problema, sino también en las conexiones entre ese evento y otras experiencias pasadas que podrían compartir emociones o pensamientos similares. Esta terapia ayuda a que el sistema nervioso integre los recuerdos de manera más saludable, reduciendo la intensidad de las respuestas emocionales y físicas vinculadas a ellos.
EMDR se basa en el Modelo de Procesamiento Adaptativo de Información (PAI), que sostiene que el cerebro tiene la capacidad de procesar y almacenar adecuadamente las experiencias, incluso las difíciles. Sin embargo, cuando el trauma o el estrés son demasiado intensos o complejos, el cerebro no logra procesarlos, lo que da lugar a recuerdos disfuncionales que siguen afectando al individuo. La terapia EMDR desbloquea estos recuerdos, permitiendo que el sistema nervioso los procese y los integre de forma correcta.
Además de su efectividad en el tratamiento del TEPT, EMDR se utiliza para abordar una amplia variedad de problemas, incluyendo trastornos de ansiedad, fobias, trastornos alimentarios, depresión, adicciones, trastornos de la personalidad, violencia y abuso, entre otros. La terapia es adecuada para personas de todas las edades y puede ser útil tanto para tratar eventos traumáticos recientes como para abordar traumas más profundos y complejos, incluso aquellos relacionados con vidas pasadas.
Es fundamental que la terapia EMDR sea llevada a cabo por un terapeuta certificado y capacitado en este enfoque, ya que el uso inapropiado de la técnica, como en prácticas no guiadas, puede ser contraproducente. Los profesionales capacitados utilizan un enfoque personalizado, en el que trabajan con el paciente para identificar recuerdos clave, ayudar a procesarlos y reprogramar creencias limitantes, lo que resulta en una sanación física, emocional y mental.
En resumen, EMDR es una terapia innovadora y eficaz que permite a los pacientes sanar de recuerdos traumáticos y liberar emociones reprimidas sin necesidad de revivir intensamente las experiencias difíciles, promoviendo un profundo bienestar en todos los niveles.
Terapia Regresiva: Sanación a Través del Recuerdo
¿Cómo funciona?
El terapeuta guía a la persona en este proceso según sus creencias y necesidades. Existen dos tipos principales de regresión:
Regresión a la infancia: Se reviven experiencias de la niñez que pueden haber causado miedos, inseguridades o traumas que afectan la vida presente.
Regresión a vidas pasadas: Se exploran recuerdos de la gestación, el nacimiento e incluso posibles vidas anteriores. Más allá de las creencias personales, este proceso permite liberar emociones reprimidas y comprender patrones repetitivos.
Beneficios de la Terapia Regresiva
✅ Sanación física: Ayuda a liberar el cuerpo de bloqueos energéticos y tensiones acumuladas.
✅ Sanación emocional: Permite conectar con emociones reprimidas y liberarlas, generando un profundo bienestar.
✅ Sanación mental: Facilita la identificación de patrones inconscientes y la reprogramación de creencias limitantes.
✅ Sanación espiritual: Amplía la conciencia y ayuda a comprender mejor nuestro propósito de vida.
Independientemente de la creencia en vidas pasadas, la Terapia Regresiva es una herramienta poderosa para transformar nuestra experiencia de vida y encontrar equilibrio interior.
Técnica Estructural: Equilibrio y Bienestar sin Manipulación
¿Cómo funciona?
Esta técnica libera bloqueos energéticos y emocionales que afectan la postura y el bienestar general. Al restablecer el flujo adecuado de energía en el cuerpo, se favorece un estado de armonía profunda sin necesidad de intervenciones invasivas.
Beneficios principales
✅ A nivel físico:
- Corrige la postura y alivia dolores de espalda.
- Favorece el buen funcionamiento del sistema nervioso.
- Ayuda en patologías como fibromialgia, artrosis o artritis.
- Mejora la calidad del sueño y acelera la recuperación del cuerpo.
✅ A nivel emocional y mental:
- Reduce el estrés, la ansiedad y los miedos inconscientes.
- Libera bloqueos sin necesidad de revivir experiencias traumáticas.
- Favorece la serenidad, el equilibrio y el poder personal.
✅ A nivel energético y espiritual:
- Aumenta la vitalidad y la conexión con la voz interior.
- Facilita la liberación de cargas emocionales heredadas.
- Ayuda a reconectar con nuestro verdadero ser.
La Técnica Estructural es un camino de transformación profunda que no solo mejora el bienestar físico, sino que también nos ayuda a vivir con mayor claridad y equilibrio.
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